Ocaña, El otro planeta!

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Las Ibañez y la compañia libre de ocaña

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Dos hermosas hermanas ocañeras fueron parte fundamental de la historia colombiana. Doña Nicolasa en 1813, a la llegada del Libertador a la región, fue una de las encargadas de coronarlo con laureles. Luego fue Doña Bernardina que en 1819 coronó a Bolivar a su llegada triunfante de la Batalla de Boyacá. Sus actuaciones fueron de gran trascendencia en las decisiones que se tomaron en la naciente república.



COMPAÑÍA LIBRES DE OCAÑA

Hace alusión a los patriotas ocañeros que acompañaron al Libertador Simón Bolívar en las batallas libradas para conseguir la independencia del Imperio Español Durante el desarrollo de la Campaña Admirable, Simón Bolívar hizo su primera entrada a Ocaña en los primeros días de Febrero de 1813. En esta ciudad, y gracias a los buenos oficios y entusiasmo de don Miguel Ibáñez y el Presbítero Alejo María Buceta, adquiere suficientes recursos, vituallas y hombres para proseguir su marcha hacía Venezuela.

Antes de su partida, efectuada el 16 de febrero, Bolívar encargó a don José Quintana la tarea de formar un batallón cívico. Nombró además, como segundo de Quintana, al señor don Juan B. Sánchez, y Quintana nombró como su secretario al señor Luís Jácome Marinely. Además, Bolívar nombró al joven Antonio Quintero Copete como ayudante de campo y a Juan Francisco García, jefe de una compañía de voluntarios que se denominó Compañía Libres de Ocaña.

Llegada de Simon Bolivar a Ocaña

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En 1813 Después de la derrota sufrida en Puerto Cabello y La Guaira, que sofocó la rebelión de los criollos venezolanos contra los españoles, Simón Bolívar viajó hasta Cartagena y se unió allí a las tropas patriotas de la Nueva Granada.



El gobernador Torices aceptó la vinculación militar de Bolívar, quien comenzó la famosa campaña para despejar de realistas las poblaciones asentadas en la ribera del río Magdalena. Comenzó así la llamada "Campaña Admirable". Después de tomar Tenerife, atacó las fuerzas españolas acantonadas en Mompox, siguió a El Banco, Chiriguaná y Tamalameque, hasta llegar a Puerto Real, sin que los realistas obstruyeran su vertiginosa marcha.

De Puerto Real pasó a la ciudad de Ocaña. En esta ciudad fue recibido apoteósicamente por el pueblo y los personajes notables, entre quienes se contaron Don Miguel Ibáñez y Vidal y el padre Alejo María Buceta.

Damas y caballeros de la colonia

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Constituye uno de los cuadros más vistosos del Desfile. Esta compuesta por señores y señoras que marchan luciendo costosos vestidos del siglo XVIII. Se destaca aquí la proverbial belleza de la mujer ocañera que tantos escritores y viajeros han alabado en diferentes épocas. Las damas llevan traje largo, mantillas, abanicos y peinetas; los caballeros, sombreros, chambergo y capa.

Anton Garcia de Bonilla

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García de Bonilla es la antítesis de la leyenda anterior. Fue, indiscutiblemente, un personaje real, como lo demuestran los documentos históricos Era don Antón García de Bonilla -dice el historiador Alejo Amaya- hijo de don Antón, el Conquistador valiente de su mismo apellido.



Heredo de su padre con el temple toledano de su alma, crecidísimo caudal que aumento aún más el poder de indomable energía, de talento y de asombrosa actividad. Casado muy joven con doña María Téllez, linda como una rosa al abrirse, buena como el trigo candeal, e hija del linajudo don Luís Téllez Blanco Girón. El primer registro escrito de esta leyenda, que veremos seguidamente, lo realizo el cronista Ciro A. Osorio Quintero, en su obra "El Valle de los Hacaritamas". Dice don Ciro A. Osorio: “Cuando un día desventurado, en una de sus haciendas, sus hijas y sobrinas cayeron víctimas de la epidemia, y la ciencia vencida le abrió paso a la muerte inminente, don Antón, atribulado, pensó en Santa Rita, la santa milagrosa que se venera en una calle melancólica de Ocaña.

Sin reparar en la hora ni en el mal tiempo, don Antón emprendió viaje precipitado a la ciudad seguido de sus criados y cabalgaduras de remuda...” “Hasta que al fin, a la segunda, muy cerca de las doce, llego al santuario y se echo a los pies de la Patrona de los desesperados...” Hecha la promesa formal a trueque de la salud de sus idolatradas enfermas, don Antón regresó a su hacienda. Como por ensalmo, los hermosos luceros de sus ojos habíanse restablecido notoriamente... Paso el tiempo. Vino la vejez y con ella llegó la muerte.

Don Antón no volvió a acordarse de Santa Rita. Pero Santa Rita no se olvidó de Antón “. Tipifica este relato, que recoge la leyenda de Antón García de Bonilla, el famoso “desandar”, tan común en el folclor español que ha quedado en el pueblo colombiano vertido en numerosos ejemplos escritos. La promesa incumplida hace que la persona, al morir, recorra como “alma en pena” los sitios relacionados con ella. Para los habitantes de la Provincia de Ocaña, García de Bonilla representa las características propias del “señor” español: hidalguía, filantropía, porte varonil y reciedumbre de espíritu. Por ello, su figura, junto con la de Leonelda, producen en el sentimiento popular la síntesis ideal de su actual modo de ser. El cuadro que en el Desfile de los Genitores hace referencia a García de Bonilla, lo integran, él y su esposa María Téllez, sus dos hijas, su hombre de confianza, Teofilo y tres arrieros con sus respectivas mulas. Vestuario, a la usanza de entonces.”

Leonelda Hernandez

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La base histórica de esta comparsa se remonta a finales del siglo XVII coincidiendo con la visita pastoral que en esos días hacia a sus feligreses de la comarca ocañera, el Ilustrísimo señor Obispo de Santa Marta, Monseñor Liñan de Cisneros, en el mes de Enero del año 1667.



La leyenda tiene como escenario la población de la Loma de González (Hoy municipio del Cesar) y el Cerro de la Horca, en la ciudad de Ocaña. Leonelda era una joven hechicera de la tribu Búrbura, a quien la Santa Inquisición condeno a muerte debido a " sus practicas de hechicería” y tener a todos los pueblos circunvecinos de convertirlos, un día cualquiera, en infectas lagunas de aguas letales.

La rebelde mujer es conducida a Ocaña, y ya casi a punto de cumplirse la ejecución, lanza un imponente grito: ¡Aquí de los Búrburas! Y como llamados ante un conjuro misterioso, brotan de todas partes los indómitos nativos que después de asaetear a la soldadesca y colgar a su jefe, parten con Leonelda hacia sus reductos inexpugnables. Para el pueblo ocañero, Leonelda representa la altivez, el orgullo aborigen y el principio libertario de su raza. Su historia ha dado lugar a numerosos escritos literarios, poemas, obras teatrales y piezas musicales, que prolongan en el alma popular su existencia.

Como vestuario utiliza un sencillo sayo hecho de algodón, y va acompañada de un piquete de soldados españoles vestidos a la usanza de la época.

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